Diagnóstico

El diagnóstico de la EP es fundamentalmente clínico. Esto quiere decir que se basa en lo que el paciente cuenta al médico y en lo que el médico observa y explora. No hay aún un análisis de sangre que confirme el diagnóstico, así como ningún marcador de laboratorio ni prueba de neuroimagen. Es por ello por lo que los neurólogos utilizan las escalas para evaluar a los pacientes, y pruebas complementarias para confirmar que la enfermedad no sea diferente al párkinson.

Los síntomas observados en la persona afectada deben incluir la bradicinesia y, además, al menos uno de los siguientes: 

  • Rigidez muscular. 
  • Inestabilidad postural no debida a otras causas.

Además, existen unos criterios adicionales de apoyo, entre otros:

  • Inicio unilateral.
  • Presencia de temblor en reposo.
  • Curso progresivo. 
  • Respuesta excelente (70-100%) a levodopa. 
  • Hiposmia.
  • Alucinaciones visuales

Las pruebas diagnósticas complementarias, tales como (TAC) o la resonancia magnética (RM) son útiles para detectar la presencia de otros síndromes parkinsonianos y permiten excluir otras posibles causas de la clínica que se observa en la persona.