Águeda Gayol

Soy la logopeda de la Asociación AlcoSSe de Párkinson. No comencé siendo logopeda por vocación, si no por desconocimiento de esta profesión que desde el primer momento me llamó la atención. Por supuesto, no estaba equivocada. Desde que empecé la carrera hasta hoy día, después de haber pasado por diferentes clínicas y también ejercer por cuenta propia, esta profesión no ha dejado de sorprenderme, para lo bueno y para lo malo. Es un camino difícil, lleno de responsabilidad hacia aquellos a los que ayudo, días no tan buenos en los que las sesiones no te salen como esperabas o los progresos no son como te imaginabas, días en los que nosotros mismos como profesionales sanitarios nos olvidamos que también somos humanos, con errores y mucha empatía, y de vez en cuando las cosas se hacen cuesta arriba. Pero de repente llega un día en el que una persona te dice: “gracias por estar ahí”, “sin ti mi recuperación no hubiera sido la misma”, o que mismamente te hacen caso, te sientes una pieza fundamental en la vida de las personas, sean población adulta o infantil, te cuentan un chiste, una anécdota del trabajo, el colegio… Que tras meses de estudio, aplicación de técnicas e insistencia y mucha, mucha paciencia, los resultados también acaban llegando, entonces ahí es cuando me doy cuenta todo lo que vale mi profesión y el orgullo que siento de ejercerla, de ayudar en todo lo que esté en mi mano. 

Además, la logopedia me ayuda a respetar los procesos, puesto que soy una persona muy activa e inquieta, de esta manera aprendo a ir de la mano de la terapia, formarme e ir viendo resultados, sin querer nada inmediato. 

Me encanta leer y actualizarme, estar pendientes de cursos, talleres, etc. Eso sí, un buen libro de suspense que no tenga que ver con el trabajo de vez en cuando lo agradezco, si esta lectura puede ser en la playa, mejor. Me apasiona la playa, el mar, la vegetación… Nótese bien que soy asturiana, y como buena asturiana también disfruto comiendo, mucho. Mi plan perfecto para mi es poder escaparme a mi Asturias querida, rodearme de mi familia (en ella cuento a mis hijos perrunos) y amigos, escaparme de ruta por la montaña y acabar dándome un baño en el mar, acompañado de una buena siesta en la arena y música de fondo, la vida sin música no podría ser disfrutada de la misma manera.