Antonio Anades Blanco

Soy el tesorero y el contable de la asociación por aquello de que cuando me eligieron, hace ya más de cuatro años, la asamblea estaba en la creencia de que los empleados de banca sabemos contabilidad, lo cual no siempre es cierto, y dijeron “¡tú, contable!, y además, tesorero”.

En fin, como os decía, fui empleado de banca, gracias al buen consejo que le dieron a mi padre, y allá por el año 1962 entré a trabajar en el Banco Central, cuando todavía no había cumplido los quince años. Me prejubilaron con cincuenta y dos las huestes de Botín, don Emilio, a la sazón presidente del Banco Santander, que dijo que no le gustaba la gente mayor en el banco, y eso él tenía más de 70 cuando se fue.

En fin que, para los tiempos de hoy, muy pronto empecé a trabajar y entonces también muy pronto se casaba la gente, porque la vivienda no estaba tan inaccesible como ahora, de forma que a los 29 años ya llevaba casado más de seis y tenía dos preciosas hijas que todavía me acompañan, afortunadamente, en estos años que me han tocado vivir, no tan afortunadamente, con un pariente que se ha personado, diciendo que es algo así como primo lejano mío, que se llama Parkinson de apellido, y al que no conocía. El caso es que se ha quedado a vivir con nosotros y da más guerra que otra cosa. Encima no trabaja, no tiene ingresos y le tenemos que mantener, pero, en fin, menos mal que de vez en cuando nos deja que disfrutemos un poco. Además, la llegada de este pariente me ha permitido conocer a gente maravillosa de una asociación de Parkinson a donde me acompaña de vez en cuando para hacer unos ejercicios de gimnasia.

Perdonad que sea tan sumamente pesado en contar algo, pero dicen que el hecho de no saber resumir es por no haber ido a un colegio de pago.